ACTUALIDAD, POLITICA Y SOCIEDAD

El padre del niño atropellado mortalmente por una lancha en Algeciras apuñala al autor del atropello

#1 Pues yo lo entiendo y lo justifico. Es evidente que la sociedad, para mantenerse, no puede permitir que los individuos se tomen la justicia por su cuenta; mas, y dado que los castigos que se infligen son gradualmente menos severos, ya no existe el martirio, por ejemplo, es connatural al hombre que broten en él deseos de venganza y se entregue a ellos si no puede contar con que su necesidad de justicia sea satisfecha por la maquinaria del estado.

Con esto no digo que haya de torturar a los presos o empeorar sus condiciones, sino que es legítimo que algunas personas no quieran aceptar los mínimos de humanidad asegurados al transgresor de las normas sociales, y encuentren, cuando han sufrido un gran daño, que el sistema carece de herramientas para resarcir su pena o vindicar la afrenta.

Si se replantease el contrato social y la justicia fuese objetiva; esto es, que cada acción disruptiva estuviese contemplada adecuadamente y penada de forma automática sin interpretación adicional, salvo caso extraordinario, posible; y, además, fuera, en la medida de lo humano, siempre aplicada, sin que cupiese evadirse de ella, sino que no existiera impunidad para el criminal; el ciudadano podría interiorizar las normas que regulan a la sociedad, participaría de ellas, las reclamaría y sufriría por igual, y esto evitaría que se viera tan a menudo, cuando sufridor de un agravio, prácticamente forzado a empoderarse con el uso de la justicia personalista para resolver la afrenta padecida.

Mas, como el contrato no ha sido convenientemente presentado a los ciudadanos, sino que parece oculto en la penumbra, la justicia se aparece como ajena e impuesta, que en ningún caso emerge de los deseos de la población, y su aplicación es siempre variable y, hasta determinado grado, impredecible, sin que sepa uno a qué atenerse; es normal que el escepticismo contra esta crezca, y estos casos sean perfectamente justificables, por la desigualdad entre el daño causado y la dureza con que el conjunto de la sociedad condenaría tales hechos, y la verdadera ejecución por parte de la maquinaria de justicia.

La justicia ha de guiar a los hombres hacia unos estándares cada más elevados, es razonable que se quiera evitar la barbarie y el caos que invariablemente brotan del uso como escarmiento de la violencia, pero la ley, y su aplicación, han de estar, como mucho, un paso por encima de los hombres por ella juzgados, y no mil escalones por encima. Si ni fríamente nos parece que sea pago suficiente la prisión para el asesino de un niño, imagínense cuando tal niño es el hijo de uno, se convierte uno entonces en doble víctima, contra el agresor y contra quien le protege excesivamente.

Perdón por el tocho.

menéame