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A trabajar...

"El hombre que me da trabajo, al que tengo que sufrir, este hombre es mi dueño, llámelo como lo llame." Henry George (1839-1897). Economista inglés.

7 de la mañana; suena el despertador, te levantas, desayunas,...y a trabajar. Así un día, y otro, otro más, y hasta que te jubiles (si es que llega ese día, que nunca se sabe). Pero, ¿por qué tengo que trabajar? Esta es la pregunta que todos tendríamos que hacernos cada vez que abrimos los ojos al madrugar para pasar 8 ó 9 horas realizando la misma tarea de siempre bajo el dominio del denominado "jefe".

En una obra póstuma, Carlos Castrodeza, relaciona el asunto del trabajo con la esclavitud, y no va mal encaminado:

"Si comparamos esto[la esclavitud del periodo clásico] con lo que sucede en el mundo desarrollado actual —por no hablar del mundo no desarrollado—, con los actuales asalariados de 8 a 3 (en el mejor de los casos) del mundo occidental y occidentalizado, y pese a haber diferencias más que manifiestas en muchos otros aspectos, no sería muy atrevido proclamar que, al igual que en las economías de las ciudades-estado griegas, hay una base actual sometida a una esclavitud de circunstancias."

Como dice Henry George, al trabajar nos dejamos someter, pero no es menos cierto que este dejarnos someter es el mejor modo de contribuir a mantener la enorme complejidad de este mundo moderno nuestro. Y ahí está la clave del asunto: la complejidad necesita generar trabajo para poder mantenerse. Un "generar trabajo", que se puede enlazar fácilmente con la ortodoxia económica que busca (necesita) siempre "aumentar la producción de cada país" (el producto interior bruto). La vida humana en sociedad es un fenómeno bastante complejo, y cuanto más complejo se vuelve, más necesita auto-producir y consumir para su mantenimiento.

Y es en este punto de la disertación cuando entramos nosotros; usted, querido lector y también yo, pues resulta que sólo somos máquinas de producir calor. No se puede siquiera decir que seamos máquinas de reproducir genes como afirmara Dawkins en su famoso libro "El gen egoísta". Siendo honestos, es más preciso (y objetivo) continuar con el reduccionismo hasta concluir trascendiendo la biología y llegando a la física que en realidad sólo somos máquinas térmicas de producir trabajo. Ni más, ni menos.

Y cuando se mira desde la óptica adecuada es indudable que nuestra vida diaria, toda ella, es un continuo consumir energía con la que generar trabajo. Mantenemos la negentropía de nuestro cuerpo a base de energía, y consumimos energía para cada una de nuestras vehementes actividades diarias. El hecho de ir en coche (o en bici) a comprar el pan no es más que el hecho objetivo de tomar energía potencial de los combustibles (o de los alimentos ingeridos previamente) para hacer "algo". Y ese "algo", siempre acaba reducido al servicio de un único principio Universal: "consumir siempre más energía (que para el caso viene a ser lo mismo que generar más trabajo)".

Nuestras vidas son, por tanto, un ir y venir de heterogéneas acciones, todas con el único fin concreto de maximizar el movimiento efectivo (el flujo de movimiento neto). De hecho, tener descendencia es el sumun de la eficiencia termodinámica puesto que la duplicidad estructural es el mejor modo de asegurar en el futuro un eficiente aumento medio del consumo energético (con su consiguiente trabajo). Pero, ¡ojo! no vale cualquier duplicidad, sino una duplicidad más o menos exacta de un sujeto que proviene de una línea germinal que en el pasado ya demostró ser un eficiente productor de trabajo físico. Porque el sujeto que se replica, si existe y es capaz de mantener la complejidad intrínseca a un proceso replicativo, es sin duda porque debe ser en sí mismo un eficiente generador de trabajo (o su especie se habría perdido hace tiempo).

Sin duda, ya te habrás dado cuenta de la estrecha relación que existe entre trabajo y duplicación; y entre la perpetuación de un linaje (o una especie, como se quiera entender) y ser un eficiente consumidor de energía. La teoría de la evolución biológica se reduce al principio del eficiente productor (y así lo apuntan recientes investigaciones en termodinámica y física estadística). La supervivencia del más fuerte (o del más apto), se resume en la supervivencia (o prevalencia) del objeto físico que más eficiente es a la hora de producir trabajo neto efectivo dentro del medio ambiente con el que interacciona.

Así que, si aquí estamos y existimos como fenómeno natural, es porque somos buenos consumidores de energía y productores de trabajo; porque somos esclavos capaces de mantener la complejidad en la que nos envolvemos; porque somos eficientes máquinas térmicas aptas para dejar una descendencia fiel a nuestra estructura. Consumir y producir es el principio que gobierna la complejidad en este Universo, y aquí en la Tierra, nadie nos gana en esa tarea. Por eso dominamos sobre el resto de formas vivas, y por eso nos duplicamos con libertad de un modo casi exponencial.

Ahora bien, una vez es aceptado todo esto (y si no lo aceptas ahora, lo harás dentro de unas décadas cuando la biofísica termine de eclosionar), inmediatamente surge una importante pregunta: ¿por qué, o más bien, para qué "busca" o posee el Universo esta tendencia natural hacia el consumo (transformación) del potencial energético (energía potencial) y la generación de movimiento (energía cinética y trabajo)? En principio esta pregunta no es científica y no es de esperar evidencia empírica que permita responderla; pero podemos igualmente hacer una reflexión especulativa y filosófica sobre la misma (¿por qué no?):

Aquí en la Tierra los seres vivos se agrupan en capas cada vez de mayor complejidad, empezando por las macromolécuas que se agrupan conformando células que a su vez se unen para formar seres multicelulares que luego se agrupan a veces formando sociedades, etc. Cada agrupación de este tipo requiere de un aumento del consumo de energía potencial medio para su mantenimiento y estabilidad, siendo mayor la producción del trabajo necesario cuanto más compleja es la estructura alcanzada. La tendencia del Universo a consumir el máximo de energía disponible para generar el mayor trabajo medio alcanzable según sea el entorno, se podría correlacionar así con un "deseo" intrínseco a conseguir agrupaciones estructurales cada vez más complejas: parece como si se "buscara" la máquina térmica perfecta. Y que conste, que este proceso de "búsqueda universal" no se restringe únicamente a eso que entendemos por organismos biológicos. 

De hecho, quizás el temor que ciertos científicos de renombre muestran actualmente ante la posibilidad de que en el futuro nuestras máquinas lleguen a dominarnos y erradicarnos no sea tan descabellado. Todo depende de lo eficientes que lleguemos a hacer a esos aparatos. El peligro real llegaría en el momento en que esas máquinas fuesen capaces de generar copias fieles de ellas mismas sin nuestra intervención.

Quizás suene raro pero la realidad podría ser así. Nuestro Universo, con todas sus constantes físicas tan finamente ajustadas podría en el fondo no ser más que parte de un experimento trascendental: no se puede descartar que nuestro mundo no sea otra cosa más que un instrumento para un ente metafísico. Nosotros, como personas usamos (y buscamos) herramientas e ingenios que nos permitan el más óptimo uso de la energía potencial disponible; y nada impide que nuestro mundo no sea más que el ingenio de "algo" que busque un fin parecido para su propio mundo trascendente al nuestro.

Habrá incluso quien pueda sacar de esto rédito en la forma de un apoyo "racional" a su fe irracional (arracional, contrarracional o como se la quiera llamar), proponiendo que quizás esta tendencia hacia la perfección del Universo es un reflejo de la suprema complejidad de Dios. Quizás el trabajo sea, como dice Miguel de Unamuno en su maravilloso ensayo Del sentimiento trágico de la vida:"el gran negocio de nuestra salvación, de ganarnos la gloria eterna". Otros, por contra, podrán ver en esto quizás apoyo a otras propuestas metafísicas muy distintas. Baste nombrar la Voluntad de Schopenhauer: bien podría ser todo lo dicho un mero reflejo de una esencia incansable e insaciable cuya única Voluntad (no racional) es la de existir y ser representado en el mundo del fenómeno de todas las formas posibles.

En fin. Sea como fuere, el hecho es que somos máquinas, y que como tales tenemos trabajo que hacer. Así que, dejemos de divagar y volvamos al tajo, que hay mucha energía que acaparar y consumir.

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