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Nuevas caretas, viejos espantajos y política-espectáculo

Los tres partidos con mejores expectativas en las encuestas tienen un denominador común: sus cabezas visibles son caras bonitas con nula (o prácticamente nula) experiencia laboral fuera de la política, y un currículum escaso (incluso posiblemente falso en algunos casos).

Es una nueva manifestación de la escasa confianza en la inteligencia de los españoles que tienen los políticos en general. Su filosofía es clara: démosles mensajes e imágenes simples y atractivos visualmente. Como están hartos de la corrupción, la endogamia y el oscurantismo, pongámosles caras jóvenes y bonitas, porque la juventud se asocia a la renovación.

Ha ganado Casado, un nini que nunca ha trabajado, se sacó la carrera de Derecho en unos meses bajo el manto protector de Aguirre y es más dependiente de la política que otros ministros viejos que, a diferencia de el, han tenido vida fuera del PP y poseen una carrera que les permite seguir viviendo si se dejan el escaño.

Casado es la antítesis de la renovación. Le apoya la derecha más rancia, hipocrita, autoritaria y enmohecida. Le apoyan quienes, en pleno siglo XXI, creen que pueden encandilar a los ciudadanos hablando de prohibición de la eutanasia y el aborto, mientras les roban la cartera y empeoran sus condiciones de vida para enriquecer a quienes ya están forrados.

Los viejos mantras de la derecha ya no sirven. Hemos avanzado lo bastante como para saber que un defensor de la vida lucha por los seres humanos que viven en la miseria, y que quien les niega los derechos más básicos a la vez que esgrime un embrion como ser sagrado por cuyo desarrollo procede sacrificar a su madre, es un hipócrita. Igual que quien se erige en defensor de la familia hombre-mujer mientras condena a la miseria a millones de familias (un concepto mucho más amplio que el anterior para cualquiera de dos dedos de frente).

Somos lo suficientemente inteligentes como para saber que los valores relativos a la moral privada de cada uno son irrelevantes a nivel político. No nos importan la religión, orientación sexual y otros aspectos privados de cada cual. Solo queremos que se le permita vivirlos en libertad. Por el contrario, nos importa mucho el programa político de cada partido en cuanto a educación, sanidad, igualdad de oportunidades, pensiones...porque ese es el objeto de la política. Convertir el país en una casa común donde todos podamos construir, desde nuestra absoluta diversidad e individualidad, nuestra vida con dignidad, sin sufrir miseria ni explotación. Y los viejos espantajos que esgrime Casado ya no pueden hacernos apartar la vista de esos objetivos.

Casado ha nacido y prosperado (tanto a nivel académico como económico y personal) en el PP más corrupto y podrido. No conoce otra forma de vida. No puede renovar ese entramado donde se mueve como pez en el agua y que le ha dado todo. Es parte de el. Y los viejos mantras de la derecha más rancia (antítesis de la renovación) ya no engañan a casi nadie.

El PP, con Casado, es más PP que nunca. Precisamente hoy ha dicho que allí cabe todo lo que esté más a la derecha del PSOE (Falange, España2000...). Y por eso le auguro poco futuro.

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Gritos en la noche y Policía Local

Sucedió sobre las 2 de la madrugada del 21 de julio. Una tribu compuesta por 6 mujeres con unos 10 niños se había aposentado en los bancos de la plaza donde vivo, hablando a voces ellas y gritando a pleno pulmón los niños, generando un escándalo aún superior al de un botelleo, e impidiendo el sueño de los vecinos. Llevaban ahí desde la 1 más o menos, pero a las 2 la cosa pasó de molesta a intolerable. Cabe destacar que mi barrio es de gente trabajadora, con un alto porcentaje de población inmigrante y también de etnia gitana (las mujeres y niños que gritaban eran gitanos, aunque esto es irrelevante porque la mala educación no conoce de razas o culturas).

Llamé a la Policía Local que, a la media hora, envió un un coche que se limitó a pasar de largo por la zona, sin tan siquiera minorar la velocidad o detenerse ante ellas, y por supuesto sin llegar a hablarles. Cabe destacar que en el momento en que pasaron los agentes, el griterío estaba en todo su apogeo, por lo que pudieron comprobar el escándalo existente.

Sorprendido, llamé nuevamente al 092, donde me atendió un varón que, ante mi petición de que los agentes hiciesen algo, me replicó que “no pueden hacer más de lo que han hecho”. Yo le respondí que no habían hecho nada, y que ni siquiera habían dirigido la palabra a las mujeres pese al enorme ruido que generaban. Me volvió a repetir la misma frase.

Le pedí que los agentes volvieran y, por lo menos, pidiesen a las mujeres que controlasen a los niños para que no gritaran constantemente. Me repitió por tercera vez la misma frase, añadiendo que “si no está conforme ponga una queja por escrito”, y acto seguido puso una música dejándome con la palabra en la boca.

Obviamente, el resultado habría sido muy distinto si los hechos hubiesen sucedido en la exclusiva zona donde vive el alcalde. Pero, una vez más, se comprueba que en Murcia existen ciudadanos de primera y de segunda, cuyo catálogo de derechos varía sensiblemente dependiendo del barrio en el que residen.

menéame